8 nov. 2018

Los franceses reaparecen con un sonido catártico donde en vez de imponer un nuevo estilo prefieren perfeccionar el existente.



  • Genre(s):
  • Post-hardcore | Mathcore
  • Release Date:
  • 23 / Nov / 2018
  • For Fans Of:
  • Dillinger Escape Plan, Breach, Converge
  • Links:
El mathcore ha sido uno de los subgéneros más innovadores y originales de la rama de la música extrema en las últimas décadas. Una escena que recopila trabajos llenos de ruido saturado, miles de efectos dibujando incontables matices, rítmicas sincopadas y una fusión de modos artísticos junto con la sustancia principal para completar un espectáculo sonoro único. Inclusive es un secreto a voces que este estilo está fuertemente influenciado por el jazz, algo que se nota en las estructuras de las canciones que comparten muchas similitudes en la distribución, geometría y creación de algoritmos de notas, además algunas propuestas se han apoyado directamente en este arquetipo. Dicho género que malea la distorsión a su antojo, asimismo vapulea la mente como pocas cosas existentes, ya que tocar mathcore es ir más allá, no solo trastornas armonías, no solo es destruir el silencio con tonos movidos, violando dogmas, también se debe tener la inteligencia suficiente para que tu obra soporte el paso del tiempo y no se oxide con las nuevas corrientes.

En medio de esta caótica naturaleza se encuentra Zapruder, originarios de Francia, una agrupación audaz al abordar la escena math europea desde sus primeros pasos. Después de un EP, un primer álbum y varias giras en Europa, el vocalista de la banda, Isaac Ruder, tuvo un suceso que cambió su perspectiva y ahora buscan adoptar una modelo de trabajo donde cada miembro proporcione creatividad al proyecto para crear una obra saciada de múltiples vertientes, de ahí la razón de la gran abundancia de ideas en la manufactura de su futuro lanzamiento. Este nuevo álbum homónimo es su mejor material hasta el momento. La agrupación presume que su ingenio es tan vasto al decirnos que estas nuevas composiciones fueron producidas en apenas unas semanas mientras disfrutaban de actividades cotidianas de un grupo de amigos.

La característica primordial de este nuevo trabajo es el rompimiento de paradigmas, que se manifiesta alterando las estructuras de las melodías, desafiando los limites creativos y tocando temas relacionados con los sentimientos humanos, dando como resultado un tributo a la libertad de expresión que se plasma en más de media hora de música disonante. Los nuevos nueve fragmentos del disco se debaten entre combinaciones de post-hardcore, mathcore y varias texturas de jazz como un atributo de apoyo, resultando en una variedad de emociones que nos recuerdan en demasía a Dillinger Escape Plan en su último aliento, sin caer en un tipo de simulación de ecos. La interpretación es alocada, aunque se siente la soberbia en la ejecución de cada uno de los instrumentos, especialmente en la primeros tracks del disco que van enfocados a una mezcolanza de géneros. El resto de los temas sigue la una línea más marcada hacia un mathcore puro.


La agenda de Zapruder es una montaña rusa, la intención principal del orden de la entrega es generar incertidumbre entre los oyentes. Un viaje lleno de altibajos que se desarrolla entre poliritmos. Todo tiene un inicio y en esta ocasión la línea de salida es “I Left My Appendix in NYC”, donde los primeros segundos sentimos la desorientación por medio de un aura hard rock que se apodera de la melodía, pero que poco a poco se desase del protagonismo por medio de rasgueos chirriantes y una ejecución vocal muy inestable al introducir más gritos que canticos. Después de un aturdido comienzo se encuentran “Tongue Twister” y “Half-stache Man”, canciones que engendran el estallido de una bomba al presentar una faceta salvaje llena ondas embutidas de ruidos y escalas empalmadas unas con otras, las vocales dejan de estár afinadas y pasan a ser un complemento de la saturación. Al finalizar los primeros tres cortes nos topamos con “Leaving Montreal”, tonada que da como carta de presentación una pequeña tregua gracias a sus tejidos de jazz, además de la aparición de un sofistico saxofón en medio del desarrollo que eleva el liston de exigencia de la entrega, una combinación de delicadeza y violencia bruta.

Ya en “Dracula Love Hotel” y “Martin Bell” regresa al guion principal en el que el mayor espectáculo son las cacofonías, incluso al final de la sexta pista se atraviesan diversas ondas de estática para ampliar el ruido y no ceder ni un momento al silencio. En “Piss Soaked”, la agrupación vuelve a incrustar todos los elementos en un corte de duración corta, el saxofón demente de Clément Beuvon pierde la cordura y apoyado de los alaridos de su vocalista, acordes de guitarra refinados, contrapunteos suaves que equilibran la armonía que se intercalan con la libertad del jazz muestra el lado más irreverente del quinteto. “Back in Town” es la esquizofrenia hecha música: demencial. Las primeras notas nos advierten a lo que nos vamos a enfrentar. Las resonancias graves sacuden el cuerpo y alma por igual, de igual manera las rítmicas entrecortadas que se intercalan con los susurros tenebrosos perfilan un final reptante y flemático, como el murmuro de un manicomio. Para finalizar irrumpe en escena “Fly Me To The Ceiling”, pieza que hace una síntesis perfecta de toda la obra en unos cuantos minutos.

Los franceses reaparecen con un sonido catártico donde en vez de imponer un nuevo estilo prefieren perfeccionar el existente. El homónimo es un calvario construido sobre tensiones sonoras y que es capaz de mostrar una agresividad ilimitada por medio de un mathcore demente y lleno de ideas. Un paso más para Zapruder que están empezando a construir una carrera en medio de un camino incierto mientras busca situarse como una agrupación musical de vanguardia.

8.5 / 10





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