28 oct. 2018

... " son terrenos en los cuales no hay límites, no hay barreras o medidas que rijan la imaginación de los expositores, la única línea que deciden trazar es su amor hacia lo agresivo".



  • Genre(s):
  • Progressive | Technical Death Metal
  • Release Date:
  • 9 / Nov / 2018
  • For Fans Of:
  • Dysrhythmia, Behold The Arctopus
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En una de esas conversaciones, entre tantas, que tienes con amigos o conocidos que comparten contigo la pasión por la música, surgió el eterno dilema de la valoración musical. Es decir, los discursos o herramientas de las que nos valemos los amantes de la música para tratar de dilucidar si un material discográfico nos parece bueno o malo, o simplemente si nos gustó. Los distintos puntos de vista siempre son bienvenidos, y entre esas pequeñas tesis, hay una que siempre llama la atención, sobre todo para el género que queremos tratar hoy. Esta es la eterna dicotomía entre el famoso feeling versus la técnica, y con ella llegan las típicas dudas; que valoramos más, que tiene mayor relevancia o que preferimos. Este servidor opta por lo sano, incluso algunos me tildarían de tibio al asumir una postura totalmente imparcial ante este tema, y es que son muchísimos los ejemplos que podemos encontrar en ambos lados del espectro de obras maestras de la música extrema. Pero existen pocos casos en donde la línea es difusa y la discusión pierde sentido, pues los dos extremos colisionan de forma directa.

Thoren es una banda oriunda de los estados unidos, hijos de uno de los panoramas sonoros más provocadores e inquietos del rock mundial, la escena neyorkina. Como buenos representantes de sus predecesores este conjunto plantea muy bien su concepto musical, comenzando por su nombre, el cual traduce detestable o abominable, y es que precisamente este tipo de bandas pueden resultar para muchas personas algo que esos dos adjetivos describen muy bien, pero otros podemos encontrar grandes virtudes en sus ideas.


Gwarth I es un disco que se puede catalogar como algo singular, a pesar de que comparte características exploradas anteriormente por otras grandes mentes de este estilo musical. La placa respira eclecticismo por cada uno de sus apartados, dedicándose simplemente a explorar y divertirse con las métricas, las armonías y las melodías. Son terrenos en los cuales no hay límites, no hay barreras o medidas que rijan la imaginación de los expositores, la única línea que deciden trazar es su amor hacia lo agresivo, desde todos los aspectos, ya sea por medio de la intensidad rítmica, de la mano de dos gigantes de la batería contemporánea como lo son Alex Cohen y Kenny Grohowski, los ataques repentinos y nada predecibles de riffs que separan de lo tradicional y que rinden tributo a aquel visionario llamado Steeve Hurdle, o esas líneas de bajo profundas y densas. El álbum es un cumulo de caos y técnica, es esa apuesta por lo desconocido, por promulgar los valores que alguna vez manifestaron otras bandas que en su momento fueron pocos apreciadas por el gran público y que hoy son tenidas en cuenta como referentes. Es un simulacro de lo inestables que son los cánones y lo poco saludable de lo ortodoxo.

La producción del disco es posiblemente uno de los apartados mejor construidos, su sentimiento casi analógico es uno de los sellos más contundentes de su propuesta, ella es la que más hace símil con los esquemas del gran Colin Marston, porque allí se encuentra ese amor por lo clásico, pero que no afecta en lo absoluto a la musicalidad, saben cuales son las cualidades de aquellos rebeldes que dedicaron su vida a esto, y tampoco quieren dejarlos de lado. La mezcla acompaña perfectamente a esos grooves, a esos trémulos de guitarras, a esos shreddings demenciales disfrazados entre arreglos disonantes, e incluso se hacen audibles esos slides disonantes que tanto disfrutamos ciertos fanáticos. Es un circulo perfectamente construido, cohesivo, en el cual no se pierde nunca el sentido, donde quizá la duración se queda corta ante magno espectáculo de notas, tanto así, que quedamos con la incertidumbre de lo que puedan lograr con más presupuesto y tiempo, donde canciones como Kos muestren todo el potencial que pueden alcanzar.

Dentro de esas conversaciones sabatinas también surgió alguna vez la teoría que dictamina que el rock o el metal no volverán a tener relevancia en la industria musical, soy partidario de esta premisa e incluso me atrevo a decir que gracias a ello el género es mucho más genuino y contiene mucha más riqueza musical que en otras épocas, y exhibiciones como la que ha realizado Thoren son las que consolidan esta fijación y nos hacen estar ansiosos por lo que pueda venir en el futuro, esperemos que lo que quieren edificar sea mucho más grande y ambicioso.

9 / 10





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