24 oct. 2018

"Es una producción increíble, con temas que por sí mismos sostienen un valor de composición gigantesco y en conjunto amasan un monstruo resonante en cada reproducción"-



  • Genre(s):
  • Progressive Post-Metal
  • Release Date:
  • 2 / Nov / 2018
  • For Fans Of:
  • Nebulae Come Sweet, Earthside, Cult of Luna
  • Links:
Como muchas cosas buenas en una vida imperfecta, el solo disfrutarlas parece el truco de un engaño al que no estás dispuesto a ceder, buscas explicaciones que den significado al porqué. Para mí fue especialmente esa situación, admitiendo que el gusto por The Ocean siempre ha sido evidente y ahora reconocerles el acierto de Phanerozoic I: Palaeozoic no dejaba una resolución simple a algo que se hacía cada vez más personal y fácil de admirar, al menos no una explicación que me dejara satisfecho externándola.

El asunto es que, cualquiera que sea tu relación con la música, a menudo es el catalizador de emociones que ignoras tener y de otras que posiblemente estuviste reteniendo; puede intervenir a un nivel consiente e inconsciente contigo. Entre más lo pensaba, la fuerte conexión que antepone Palaeozoic hacia el escucha no se trata de mover ese tipo de switchs... no es nostalgia (con su estilo), no es sobre melancolía y tampoco es euforia (con quien lo experimente), primero porque han sabido introducirlo musicalmente desde un ángulo ligeramente distinto a cualquiera de sus discos, se planta coherente a todo lo que estuvo detrás haciendolo familiar, e inesperado haciendo que suene como nuevo; segundo, las subidas y bajadas de intensidad en las canciones es constante, es estable, a un grado de apreciación en que el apoyo entre agresión y su contraparte musical llevan una relación estrecha, no existe el uno sin el otro y ocurren sin un humor dominante, entonces ¿Cómo sería estar melancólico y eufórico al mismo tiempo? Un estado intermedio tampoco funciona. En fin, descubrirlo de primera intención es nada remotamente cercano a lo que canalizas un día común.


Sí da alegrías, te incita a pensar y abre paréntesis en su trayectoria discográfica, sin embargo, al tiempo en que transcurre esclarece que aquí es complicado tener pensamiento “crítico”, ahí es dónde viene la parte buena, pues como obra bien elaborada, el apego nace de la curiosidad que vierte en quien la escucha, pero su peculiaridad es florecer como una obsesión hacia un refugio. Una explicación rebuscada lo sé, así que por ahora lo dejaré en “esa” cualidad inexplicable de un trabajo capaz de llevarte a un lugar al que es de ellos, a salvo de prejuicios, un templo donde tus propios pensamientos no están permitidos y naturalmente regresarás a buscar más de “eso”. Me era imposible abordar de manera concreta a Palaeozoic sin antes desahogar esta parte, no sé hable más del tema y continuemos.


Qué sería de esto sin el intro “The Cambrian Explosion”, una melodía sencilla abriendo eco en el teclado, empatado con una secuencia electrónica que se extiende en ondas, simultáneamente estableciendo el preámbulo esencial en el carácter de la obra, no en el entender, sino al conceptualizar su posterior importancia en la profundidad del material, además de brindar la clave que permitirá la entrada repentina a “Cambrian II: Eternal Recurrence”, golpeando directo en la medula. Sin deshacerse totalmente de esa melodía inicial fracturan la atmósfera y de inmediato ponen de relieve la pesada personalidad de la banda, con ese post-metal fabricado a base de los componentes básicos pero aplicados con la efectividad única de estos alemanes, los primeros dos minutos de este track conectan una expectativa gigante a lo que está por llegar, al tiempo en que resume lo que los ha hecho grandes, trazando flashazos en tu mente que te recuerdan el ADN de su sonido sin necesidad de indagar el historial. Así sin más, como si no fueran 5 años desde aquel Pelagial ya estás indefenso ante su inmenso umbral.

Lo que hace a Palaeozoic su mejor álbum, o aquello que personalmente no tiene madre, es que ahora, a falta de mejores palabras, no hay una sola cara turnándose el trabajo en un sonido que tiene dos caras, es una doble expresión simultánea, y es que, exceptuando pequeños cortes intermedios, al construir el tema en lo que es y elevarla al pico, hubo de por medio un equilibrio de frialdad y calidez fusionada, pasando desapercibida; cuando la voz abre el esófago para cantar está detrás una melodía en las guitarras, un juego de voces intercaladas o una artimaña similar que acentúa e inhibe el momento de explosión inminente, igualmente mientras el verso es a canto limpio y la dirección se ha invertido un poco, es cuando la batería remata fuertemente y las cuerdas dan amplitud al rango de distorsión, de tal modo que persiste una reserva de actuar en algún extremo de la balanza, nunca te sabe a una u otra cosa, estás saboreando ambas. En el desarrollo de toda la obra de The Ocean, los espacios dejados para armonizar y los dedicados a engrosar la postura fueron compartimentados, fluyen bien sin embargo el build-up ocurre a través de una de esas dos formas, nunca en conjunción, ese es el punto de comparación que enaltece su nueva obra, ahora arriba es abajo, el frente está detrás y viceversa, todos sus componentes coexistiendo para llegar al objetivo de conmover, provocar y guiarte a la certeza de adorar un trabajo tal y como lo vas recibiendo. Un detalle de organicismo musical que es mucho más fácil notar en retrospectiva después de escucharlo debidamente.


Buscando que el álbum obtenga un respiro está la pista “Silurian: Age of Sea Scorpions”, acá interviene cello, piano y estratégicamente las cualidades descritas en el párrafo anterior se separan un poco para dar lugar a mayor cantidad elementos, percibes una canción abajo del resto en ofensiva y curiosamente es la canción cargada de más instrumentación. Desde otro ángulo aquí retoma valor su concepto orgánico, al ver que los arreglos que se suman no son eso, le pertenecen por leyes de la naturaleza a la canción y te remontan al inicio de todo, es decir, carga el peso de capas electrónicas que cohesionan nuevas texturas y articula una tranquilidad susceptible a cambios que, juegan con tu cabeza, al regresarte al instante inicial en que reconociste los primeros colores del álbum: esa melodía de introducción y la explosión rítmica que la fracturó.

En adelante el disco muta hacia un comportamiento con énfasis a lo progresivo, comienzan a curar diferente el humor del tema, con pasajes sonoros cinematográficos, una envolvente menos recurrente, sirviendo perfecto para justificar la excepción al tracklist que es “Devonian: Nascent”, el que a mi interpretación arrastra el pasado de la banda, lo trae al presente y parte el álbum en dos. Las emociones que se agolparon hasta entonces aquí desembocan, con la canción que de verdad revienta el climax del tracklist y lo extiende a tope con el grito del coro, no sin antes deleitarte con la intervención de Jonas Renkse vocalista de Katatonia. Maravilloso. “The Carboniferous Rainforest Collapse” en su modalidad instrumental decrecida ya anuncia el final de este capítulo, por algo es que “Permian: The Great Dying” se siente el inicio intermitente de un tracklist que ya entregó todo de sí y probablemente haga el puente al capítulo II.

En resumen Phanerozoic I: Palaeozoic es una producción increíble, con temas que por sí mismos sostienen un valor de composición gigantesco y en conjunto amasan un monstruo resonante en cada reproducción, del cual no olvido falta una segunda parte. Qué más hay para decir desde la perspectiva personal de alguien que escucha y escucha, con la esperanza de encontrar trabajos que desnuden la experiencia musical a lo que en su esplendor logra ser, desde la emoción de disfrutar, analizar y platicar un trabajo conmueve a las lágrimas e implica lapsos fascinantes que te dejan suspendido... The Ocean está en la cima de lo el artista ambiciona para su obra.

9.5 / 10





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