24 jul. 2018

La dinámica de Tangled Thoughts of Leaving: inusitada, llena de reniego y repudio, pero también exquisita, es algo que dudo mucho que se repita en lo que resta del año.



  • Genre(s):
  • Instrumental | Post-Rock |
    Progressive Rock | Experimental Jazz
  • Release Date:
  • 6 / Jul / 2018
  • For Fans Of:
  • Wang Wen, Sternlumen,
    Mouse on the Keys, Spurv, Jambinai
  • Links:
Otro día, otra agrupación australiana de la cual hablar. Quienes nos leen saben que somos ávidos a probar ese saborcito aussie en sus distintas presentaciones y envolturas, ya sea que se trate de tech death, prog metal, rock psicodélico o el increíble catálogo de música pop/folk del que pueden presumir. Además, se trata de una ocasión de celebración, pues se cumple una década desde el lanzamiento del debut de la agrupación procedente de Perth en cuestión. No que esto les merezca mérito especial en este espacio, quiero decir, ¿cuántos aniversarios de quince o veinte años no hemos tenido en 2018? Pero eso sí, es un dato que vale la pena mencionar para quienes recién se enteran de su existencia, y que cobra relevancia al analizar su evolución musical.

La narrativa de Tangled Thoughts of Leaving, llena de susurros, se encuentra inmiscuida en una intersección de múltiples corrientes, cada una suponiendo una vía de exploración hacia la psique humana. Esta maraña de dudas que se precipita en los momentos más críticos, aquellos en que quedarse o correr es de vida muerte, son los elementos determinantes de cada una de sus composiciones, que se verán reflejados en el cambio de estilo tan poco previsible. Ya desde su debut se volvía obvia la inclinación que tenían por los compases de amalgama, la síncopa y un uso de tiempos semifuertes que simplemente dejaban pasmado, pues las técnicas con las que se llevaban a cabo estaban fuertemente inspiradas en aquellas del math rock y el jazz fusion, que a su vez se mezclaban con una rica variedad de formas propias del post-rock y el metal.

Esta parafernalia, sin embargo, se ha mantenido intermitente en sus producciones posteriores. Desde 2010 hasta 2014, entraron en un periodo de agresión inerte; el derroche de notas tomó otro rumbo, y la soltura y espontaneidad tomaron un rol más bien pasivo que se ajustaría mejor a las necesidades que tenían en aquel entonces. Con Deaden the Fields y Failed By Man and Machine, su sonido estaba definido y bien consolidado, lo que les ganó reconocimiento entre la comunidad internacional. Ambas labores discográficas resultaban impresiones volátiles del desasosiego inherente al género, manteniendo como protagonista a las teclas de Aaron Pollard pero sin eclipsar al resto de los miembros, cuyo rol era y sigue siendo imprescindible. No obstante, tal y como dijo Campbell: “Nada es seguro si se obedece el llamado de la aventura. Nada es excitante si sabes cuál será su resultado. Desoír el llamado significa estancamiento.”


Yield to Despair fue un aparato que derivó de la reconsideración de los ideales de la banda. La templanza de los álbumes anteriores seguía fértil, pero con una estampa más oscura, optando por una descomposición artificial con base en sintetizadores y cuerdas distorsionadas, en lugar del crecimiento que se esperaría dentro de su propia convencionalidad. Llevándose a cabo gradualmente, la imprevisión de sus primeros años estaba de vuelta; en lugar de las construcciones tan típicas de crescendos que inundan el post-rock, los australianos se decidieron por una edificación mucho más elaborada. La delicadeza fue hecha añicos por la presión que ejercían las distintas capas tan densas de doom y noise, mientras que lo electrónico se veía involucrado en un primer plano. Lamentablemente, la excesiva duración de algunos temas resultaba contraproducente en la armonía general, reiterando motivos de forma innecesaria.

Es aquí donde entra su más reciente producción, que emana de un proceso de resignificación de la vorágine que crearon hace tres años, perfeccionando la técnica y abordando su objeto de una forma más accesible y económica, sin que esto implique una disminución en el atrevimiento de su experimentación, pues lo que aquí se nos presenta es una ruptura estratégica de fronteras, con un método similar al que abordaron en Tiny Fragments, su EP debut.

No Tether es un álbum que se escucha mejor de principio a fin, pues cada una de sus piezas se conecta directamente con las que la rodean, aunque sin caer en el error de mermar la reproducción de piezas particulares o en el orden preferido de quien esté escuchando. Pasando de la introducción que es “Sublunar” al juego de escalas de “The Alarmist” es audible la refinación que hay entre las secciones atmosféricas (que anteriormente servían en su mayoría como relleno) y aquellas melódicas, regocijándose en una dinámica altisonante. “Cavern Ritual” se va de lleno a lo ambiental, aunque con una fórmula muy propia del funeral doom, eso sí, nunca se siente como una pieza fuera de lugar, pues propicia el estado anímico que se seguirá en el resto del disco.


Signal Erosion” aunque en un constante loop, ornamenta los momentos clave con remates caóticos, siendo estos básicamente la línea divisoria entre las dos mitades del álbum. A partir de aquí, la batería y el teclado se vuelven insistentes, dejando de participar únicamente con metrónomo y trasfondo respectivamente; la velocidad incrementa significativamente, y el uso de notas fantasma está entregado completo a las más finas técnicas jazzísticas. “Inner Dissonance”, cubierta por un velo neoclásico, es la cúspide emocional, arrastrándonos por un camino desolador que solo los poetas malditos han recorrido, y cuyo malestar solo puede ser aplacado cuando se reemplaza por el ímpetu presente en “Binary Collapse”, que hace del dolor el medio y no el fin. Finalmente está “No Tether”, la cereza del pastel que sintetiza de forma espectacular las mejores cualidades de cada pieza, concluyendo satisfactoriamente la reproducción.

La significación y trascendencia de Tangled Thougts of Leaving son difíciles de describir debido a las alteraciones constantes, no de su obra, sino de su contexto; más allá de sus pequeñas reinvenciones y de los experimentos con distintos géneros (aunque siempre presentes los elementos de jazz y post-X), su música tiene un valor más grande si se admite que el carácter es inmutable, puesto que ningún artista puede valorar su obra más allá de determinado tiempo, y los tiempos de los hombres son finitos. Esta dinámica inusitada, llena de reniego y repudio, pero también exquisita, es algo que dudo mucho que se repita en lo que resta del año, al menos como se llevó a cabo aquí, no solamente por la amalgama tan bien lograda de canciones, sino por el gran trabajo de producción que hay detrás, que personalmente encuentro el mejor que han tenido desde Failed By Man and Machine. Así pues, se trate de tu primera vez ante esta institución, o si ya eres un veterano de su sonido, No Tether es una de las mejores labores discográficas en su carrera, y no importa si lo tuyo es la pesadez, las progresiones elaboradas o la nostalgia tajante, aquí tienes asegurado encontrar las proporciones adecuadas de cada cosa.

9 / 10




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