30 jul. 2018

Aunque elementalmente este sigue siendo un álbum de rock progresivo, la mayor parte de las ideas convergen por un canal bastante más reservado, lleno de sus propias extravagancias y latitudes.



  • Genre(s):
  • Alternative | Progressive Rock
  • Release Date:
  • 3 / Aug / 2018
  • For Fans Of:
  • Caligula's Horse, Karnivool,
    dredg, Klone
  • Links:
Actos australianos los hay de todos los colores, sabores, formas y tamaños. Con menos de 18 meses restantes, el rock progresivo de la segunda década del siglo XXI se ha definido en gran parte gracias a las aportaciones de la escena australiana: de las bandas consumadas como Karnivool, pasando por los prodigios como Plini, hasta llegar a las que conquistaron al mundo a su propia forma como Ne Obliviscaris, la riqueza de esta nación es innegable. Lamentablemente, la sombra que estas proyectan muchas veces deja sin posibilidades de destacar en su propia tierra a las agrupaciones recién nacidas (no se hable de hacerlo en el ámbito internacional). Por ello, en RTMB siempre hemos velado por hablar de propuestas que en su mayoría pasan desapercibidas en el radar general de la web y que se merecen su espacio.

Opus of a Machine se dan a conocer formalmente en 2014 con un álbum llamado Simulacra, que, aunque fue bien recibido por la crítica, no hizo mucho ruido en el resto de la comunidad. Contando con ocho pistas y siguiendo una línea muy marcada por el metal que en general resultaba bastante gratificante, los australianos incursionaron en una amplitud de diferentes estilos, elaborados de manera muy ad hoc a lo que sonaba por aquel entonces, como si se tratase de un ejercicio de conciliación entra sus múltiples influencias. Digerible desde sus primeros momentos, se trató de un debut hecho y derecho que incluso hoy en día me sigue pareciendo de lo más interesante que hubo en ese magnífico año, coordinando destrezas técnicas con emociones crudas.


La refinación sonora y estilística nunca debe confundirse con la suavización musical, sin embargo, en este caso son conceptos que se aproximan mucho el uno al otro; Stray Fire, si bien mantiene ese punch tan rudimentario en secciones selectas, se aleja en su mayoría de los riffs volátiles y de los logaritmos matemáticos, para poner especial atención a ese espacio tan sentimental en el que han decidido desenvolverse. Aunque elementalmente este sigue siendo un álbum de rock progresivo, y con muchos elementos propios del metal, la mayor parte de las ideas convergen por un canal bastante más reservado, sí, lleno de sus propias extravagancias y latitudes, pero reservado a final de cuentas.

Strength in Stone” es la manifestación más explícita de esta ambivalencia, con una apertura tersa y plácida por parte del teclado, así como algunos arreglos electrónicos que marcan el terreno en el que la voz de Mitchell Legg se irá expandiendo en presencia de una batería templada y guitarras juguetonas pero certeras, con melodías inmiscuidas en una alternancia entre las ondulaciones del metal técnico y las pautas rítmicas del post-hardcore vainilla (ese que se apega más a lo alternativo con voces limpias que a lo gutural). Luego, en “Up. Out.”, obviando el dinamismo vocal que supera con creces al del álbum pasado (ya que se mantiene en un rango bien dominado), presenta un juego rítmico con fraseos sagaces que deja impresa una pauta de cómo las distintas secciones están siempre encaminadas a dos tipos de desenlace: uno que funciona como herramienta reflexiva, donde la añoranza y la adoración son el último destino; y otro que se va de lleno al uso de cliffhangers para dejar enganchado al escucha.


Stray Fire”, con todos sus arreglos, y especialmente con ese solo de guitarra punzante cercano al final, encuentra en los pequeños detalles de una idea que la imperfección no es caos, solo modificaciones dentro de un orden, una jerarquía variable si lo quieren, que consuma toda fatiga emocional. El último tema, “Beacon”, es justamente una baliza para la malaventurada nostalgia, que de súbito se entrega a un frenesí que ya por sí mismo representa una evolución en los despliegues técnicos presentes en Simulacra, con un shredding sublime en las cuerdas y un doble bombo estruendoso, proclamando el final del disco, justo en su punto más alto.

Stray Fire, desde lo inmediato nos da una pista de su nueva directiva, más sobria y serena, en lugar de esa colisión sobrecargada de su antecesor, no solo en la estética de su apartado visual, sino en lo estrictamente musical. Luego del hiato de dos años y la salida permanente de Zachary Greensill de la monumental Caligula’s Horse para dedicarse de lleno a Opus of a Machine, es evidente que este es un trabajo al que se la ha puesto mayor esmero, y esa portada (que bien podría hacerse pasar por una de Northlane o Tycho) cumple con el propósito de limpieza de su imagen, que a diferencia de la de su antecesor, se contenta con la simpleza y la elegancia, algo que sin duda les ayudará a la hora de acarrear nuevos escuchas.

No hay mucho más que reste decir, el álbum cumple con su comitiva y el nuevo enfoque les sienta increíble en lo absoluto, con una fórmula que aunque ya ha sido mil veces trabajada, les funciona mejor que a muchos. Lamentablemente, hay un par de temas que realmente no aportan nada sustancioso a la armonía general, y que, aunado al corto tiempo de reproducción, se sienten más como un rodeo innecesario para llegar a los verdaderos lugares importantes. Queda bien claro que ahora que la banda ha dejado de ser un side project, sus capacidades de proyección e interpretación han crecido exponencialmente, sin embargo, Opus of a Machine sigue careciendo de un sonido exclusivo, uno verdaderamente auténtico, y es esa la tarea a la que se deben encomendar en su próximo lanzamiento.

7.5 / 10




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