12 jun. 2018


El cristianismo ortodoxo de Rusia jamás había enfrentado tanto reniego como ahora; desde que en 2015 Batushka lanzó su debut, Litourgiya, corrompió los oídos de de los feligreses de Europa del este y conquistó los nuestros, que somos afines a los sonidos innovadores y a la sangre nueva (y a la blasfemia, ¿por qué no?). Compuesta por 8 músicos de la escena polaca que han logrado mantener sus identidades en secreto desde la concepción de la banda, utilizan el ruso y algunos versos en eslavo eclesiástico para dar voz a sus plegarias. Si bien no hay traducciones totalmente fieles en español, se sabe que son oraciones constantemente utilizadas en las aquellos algunos ritos pertenecientes a dicha religión, modificados hasta cierta medida a manera de sátira.

Con un peregrinaje que ha durado tres años, Batushka ha llevado su sacra misa por casi toda Europa, Norteamérica y más recientemente para sorpresa de muchos, le llegó el turno a Latinoamérica, siendo su última fecha el 3 de junio de 2018 en la Ciudad de México, con un boletaje limitado que se vendió en su totalidad, por lo que gracias a la benevolencia de los organizadores y la banda, así como a la alta demanda, una segunda función fue confirmada justo unos cuantos días antes.

La liturgia tuvo lugar en el Foro Indie Rocks, que fue totalmente ambientado como si de una iglesia se tratase, haciendo uso del balcón y unos vitrales muy ad hoc al espectáculo que estábamos a punto de presenciar. Cabe destacar también la participación de la banda telonera, Ash Nazg Búrz, originaria de la Ciudad de México, que está inspirada en la facción oscura de la obra de J.R.R Tolkien. Su desenvolvimiento en el escenario se vio marcado por las voces simultáneas del vocalista y el baterista, dando vida a versos en la lengua oscura de Mordor. Es una propuesta original que pronto dará de que hablar.

Finalizado el acto de apertura, el equipo encargado de ensamblar el escenario para el ritual principal, tuvo un papel fundamental para que el show fluyera sin contratiempo alguno. Una vez que cada elemento estuvo en su lugar, los cantos gregorianos comenzaron a sonar dando por iniciada la comunión; los primeros en entrar a escena fueron los coristas, seguidos por los guitarristas, de los cuales uno procedió a encender todas las velas, tomándose su tiempo, cuidando de hacerlo conforme al coro que se escuchaba de fondo. Una vez encendidas, tomó su guitarra y comenzó a tocar una melodía limpia, que sirvió como introducción para la llegada de la figura principal: el vocalista, quien se encargaría de orquestar la solemne ceremonia, acompañado de un incienso a manera de ofrenda, envolviendo al público en su aroma y su presencia.



Al finalizar la armonía de las guitarras, comenzó a sonar la primera canción, "Yekteniya I", para encender al público. La audiencia estaba enardecida, eufórica, como en una experiencia ocultista. Litourgiya fue interpretado en su totalidad y el público lo sabía; cada canción fue entonada a plena conciencia como si fuesen los rezos que se han escuchado en las iglesias desde siempre. El vocalista se imponía en la dirección de la solemne ceremonia detrás de un púlpito con la portada del disco enmarcada, alzándolo constantemente en santificación de la imagen del Jesucristo. Algo característico de esta presentación fue el carácter de ritual que tenía, el público mexicano se encontraba en éxtasis y causó un escándalo constante que hacía que algunos tintes de la manifestación devota se perdieran un poco, obligando al vocal a pedir silencio en algunos momentos, orden que la mayoría de la audiencia acató. Los estigmas del evangelio de Batushka permanecerán para siempre en cada uno de aquellos que acudimos a la misa; todos fuimos bendecidos con la ejecución sacra que los polacos nos trajeron y fuimos enviados a predicar que la escena sigue en una evolución constante que no tiene pinta de parar en algún momento.

La mezcla constante de íconos profanados, coros religiosos, túnicas de monjes ortodoxos y potente black metal le dan a la liturgia un espectáculo único en su tipo, que hace de este evento algo sin precedentes, una banda única largamente esperada por estas tierras. Finalizado el ritual, solo nos resta esperar el regreso de la magna peregrinación de Batushka a santificar tierras aztecas. Alabados sean.

Fotografía cortesía de Summa Inferno // Alex. E en la nota.


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