27 may. 2018

Su tenacidad por rodearse de atmósferas oníricas, así como un uso mucho más complejo de su propia voz son algunos de los elementos que denotan la gran maduración que sufrió su visión artística.



  • Genre(s):
  • Experimental | Progressive Folk | Alternative
  • Release Date:
  • 18 / May / 2018
  • For Fans Of:
  • Mark Kozelek, Scott Walker,
    Toby Driver, Leafblade
  • Links:
"If it was never new, and it never gets old, then it's a folk song"
Inside Llewyn Davis

Ok, en estos tiempos metamodernos hacer una afirmación así sería no solo fútil, además carecería del carácter de validez que solo el contexto socio-cultural en que se hizo originalmente ofrece, pero vamos, ninguna oportunidad de citar a algún personaje icónico creado por los Hermanos Cohen es una mala oportunidad, especialmente cuando se está hablando de un artista de la talla de Ryley Walker (Chicago, 1989), quien, al parecer, decidió que no quería seguir por la línea que él mismo forjó con All Kinds Of You, allá en el 2014, desarrollando un jazzy-folk con una gran paleta de matices country que permanecería como materia prima durante sus siguientes dos producciones.

Desde Golden Sings That Have Been Sung hubo momentos que se desviaban del camino principal, y que siempre terminaban por desvanecerse en conclusiones no del todo satisfactorias. Algo comprensible, puesto que su fama radicaba en los corazones radiantes de aquellas personas que pasan su vida buscando algo o alguien en algún bar con micrófono abierto. “The Halfwit in Me”, “Funny Thing She Said” y “Age Old Tale” fueron en aquel entonces algunas de sus mejores composiciones, muestras de que había una ambición latente por ir más allá de lo que el género le permitía, preámbulo del material que hoy nos atañe.


Tras un lapso de dos años llega Deafman Glance, la placa que seguramente representará el punto de quiebre para sus seguidores más casuales. Que los primeros minutos de reproducción no los engañen, lo que reina aquí no es ese folk romántico de tiempo sosegado, al menos no en su presentación vainilla. A partir del tercer tema se vuelve obvia la razón de que el año pasado no hayamos tenido música nueva de Ryley: este material no solo está envuelto por un halo de pesadumbre y lobreguez completamente distinto a la melancolía baja en calorías a la que nos tenía acostumbrada sus discografía, su tenacidad por rodearse de atmósferas oníricas e instrumentos que se salen del estándar americano, así como un uso mucho más complejo de su propia voz, son algunos de los elementos que denotan la gran maduración que sufrió su visión artística.

La transición de un sonido pulcro y de fácil consumo hacia una obra más bien experimental, luego de 3 lanzamientos de larga duración, varios EP’s y colaboraciones, pondrían en una posición comprometedora a cualquier artista. No es nada sencillo olvidarse de todo lo que se sabe y en lo que se es bueno para intentar algo nuevo, más veces de las que quisiera hemos visto fracasar a quienes se aventuran en el reino de la experimentación, otorgando poco más que resultados desalentadores en un gran porcentaje de las ocasiones. Quizás ocurra que la composición y búsqueda de técnicas y sonidos complejos se vuelve lo primordial, mientras que el disfrutar de lo que se está produciendo pasa a segundo plano. El chicagüense entendió muy bien esto y encontró la forma de equilibrar ambas fuerzas. Haciendo paráfrasis de sus propias palabras: se ha cansado de hacer música para los estantes, en su lugar, ahora simplemente se dedica a hacer discos de Ryley Walker.


Queda bien claro que, para él, Deafman Glance es un proceso de deconstrucción. Con sus debilidades, intenciones y fallos bien señalados, cada canción representa un avance en su experiencia deconstructiva y la organización de los tracks no hace sino recalcar este hecho. Pasamos de una balada familiar a piezas de estilos previamente inexplorados que se alzan y se derrumban, contradiciéndose en más de una ocasión y que sencillamente hacen trizas expectativas, para terminar nuevamente en un punto con el que estamos en cierta medida familiarizados. De Jhon Martyn a Scott Walker, Toby Driver, Rikard Sjöblom, Justin Vernon… la lista de influencias no termina y abarca una gran cantidad de décadas. Y es que la única característica que comparten todos ellos (salvo tal vez Martyn) es esa evolución agresiva que han sufrido a lo largo de sus carreras. Es por ello por lo que en “22 Days”, “Telluride Speed” y “Expired” encontramos restos de rock progresivo que van de la época de oro con Genesis o cualquiera de sus bandas consagradas hasta algo más contemporáneo como lo que podríamos llegar a escuchar con Beardfish. Luego están la oscuridad y esa inexpugnable sensación de soledad y confusión que al igual que (Scott Walker) han llevado a Ryley a hacer un uso más desafiante se barítono en canciones como “Accommodations” y “Can’t Ask Why”. El resto de los temas indaga en disrupciones estructurales con base en la instrumentalización del trasfondo, es por ello que hay aquí tantos instrumentos ajenos al resto de su discografía, pero que dejan bien demostrado la cohesión fácilmente desapercibida que suscitan a lo largo del álbum.

Deafman Glance no acaba de poner el folk patas arriba y mucho menos representa un hito en la música de vanguardia, vamos, incluso para el mismo Walker no es lo que él esperaba, quien lo ve como una obra inconclusa. Es obvio que se flaquea en más de un par de momentos, pero en general, el panorama del álbum es muy similar a la mayor y tal vez única inspiración: Chicago. Veo a su cuarta placa de larga duración de la forma en que él ve a su ciudad natal, perfecto con todas sus imperfecciones. No es común ver obras tan ariesgadas por parte de artistas del estilo, por lo que subestimarlas sería erróneo sin antes darles una oportunidad. ¿Qué le espera al joven cantautor? Si se trata de un deslice temporal o el primer paso hacia su verdadera música, es algo que aún no podemos saber, sin embargo, siempre y cuando tenga un micrófono y una guitarra en su mano, valdrá la pena escucharlo.

8 / 10



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