1 may. 2018

"Digno de ser apreciado como lo que es: una entrega honesta brutalmente humana en la que no escatimaron emotividad".



  • Genre(s):
  • Post-Rock
  • Release Date:
  • 27 / Apr / 2018
  • For Fans Of:
  • The Best Pessimist, Hammock,
    Imploding Stars, Moons Eat Stars
  • Links:
God Is An Astronaut es de los innegables pioneros del rock instrumental gracias a que invariablemente han buscado dar lo mejor de sí mismos para transmitir emociones fuertes y reproducciones entrañables que raramente se pueden expresar en palabras. Han creado su música con el único objetivo de instalarse en lo profundo y estremecer las ideas con cada nota entrelazada que transporta a múltiples universos, acostumbrándose a ofrecernos trabajos llenos de vida en los que uno se podía encontrar tanto momentos de paz, como de energizantes pasajes violentos liderados por guitarras sucias sosteniendo de fondo ambientaciones de corte onírico que terminaban por hacerle honor a su nombre. La melancolía nunca ha sido parte fundamental de su fórmula, y a decir verdad, nunca había visto la necesidad de aplicar ese recurso para ofrecer algo de calidad como siempre había sido, siendo que los siete lanzamientos hechos han resultado excitantes por sí mismos sin ese recurso tan característico en el post-rock, aunque he de admitir que los guiños nostálgicos de su penúltimo disco Helios | Eberus, ya demostraban que en el momento en que decidieran utilizar a la tristeza como su musa, lo harían de una manera acertada.

A final de cuentas, tenía que llegar en la historia de estos Irlandeses el interés puntual por hacerle honor a las mayores inspiraciones del género a que pertenecen, más si se toma en cuenta que los últimos tiempos se han tornado difíciles, y la realidad de individuos como ellos, es suficiente para tener la inspiración de crear un material que no refleja otra cosa sino el dolor, tristeza y desolación que probablemente será parte el resto de nuestra vida. Llegan a su octava entrega titulada Epitaph, a partir de sintetizar sus dolorosas experiencias personales en los siete impactantes temas que enlistan el contenido, a través de la cual logran crear el epitafio perfecto para la tumba sin mediar palabra alguna.


Lo que más llama la atención es que a través de él la banda nos muestra una faceta hasta ahora totalmente desconocida en ellos. Dejaron que las raíces de la desesperanza los invadiera hundiéndolos en el abismo, trayendo como resultado un conmovedor y sobrecogedor trabajo con el que es fácil sentirse desconcertado, intentando asimilar qué fue del sonido al que God Is An Astronaut nos tenía tan acostumbrados. La decisión fue algo arriesgada, sí, sin embargo fue acertado el emprender un notorio cambio en la línea que durante más de una década siguieron fervientemente.

Epitaph no hace sino expandir las posibilidades que hasta hoy no habían sido explotadas por la agrupación. En esta placa las cosas funcionan de manera un tanto distinta, las texturas musicales difieren mucho de lo que llegamos a escuchar en su momento en los discos más aplaudidos de la banda como All Is Violent, All Is Bright (2005) o Far From Refuge (2007), aquí las guitarras tienen mayor importancia que en el resto de sus trabajos, porque desarrollaron una densidad y profundidad escarbada bajo las cuerdas, logrando crear por sí mismas una melancolía fúnebre reforzada por elegantes pasajes de piano a los que recurren con destreza. Las percusiones cumplen con la finalidad de liderar la rítmica y guiar al resto de instrumentos por el desembarque de olas emotivas y dolorosas, creando los momentos más poderosos de Epitaph. El uso del sintetizador en esta ocasión fue limitado como mero complemento en la creación de sensaciones envolventes que son parte esencial de su sonido, tal es en "Winter Dusk/Awakening", "Komorebi" y "Oisín", buscando dar mayor énfasis a la repercusión natural de las cuerdas, de las teclas y de la batería, con un estilo más o menos similar al que utilizó Hammock en su última placa titulada Mysterium.


El tema homónimo es uno de los mayores ejemplos del sentido que God Is An Astronaut buscó inyectarle a esta nueva entrega, de entrada aterriza el estado de ánimo que habrá de sentirse a lo largo de todo el tracklist. Logras percibir el sentimiento de anhelo a través de las refinadas capas de espacio y de piano que ocupan la mitad de la duración del tema, hasta que el frenesí acude a las guitarras para terminar de rematar la experimentación que se venía dando en la canción, transmitiendo un sentimiento de pérdida que se ve aún más enfatizado con "Winter Dusk/Awakening", que juega un papel primordial al buscar crear una burbuja que encapsule dentro el quimérico alivio del dolor. Aquí encuentras con otro par de guitarras que buscan complementar la elegante pieza con leves distinciones de punteos acústicos. En "Komorebi" te hundes de tajo en una paz creada por el dulce piano que traduce al lenguaje de sonidos el significado del nombre de la canción (“el momento en que la luz del sol a traviesa las hojas de los árboles”), otorgando una sensación de calma que invita a la remembranza, justo como "Oisín", creado en conmemoración de uno de los familiares de un integrante de la banda que perdió la vida de manera trágica. Canción a través de la cual la melancolía acumulada a lo largo de todo el disco termina finalmente por desembocar a través de lúcidos motivos etéreos, de sensación de eternidad que al menos sirve para convencer que el hambre de cambio ha sido de las mejores cosas que pudo haberle pasado a los integrantes de God Is An Astronaut.

No se trata de la piedra angular de redescubrimiento en su madura trayectoria (aunque me gustaría ver que eso pasara), pero es claro que a través de Epitaph, la banda irlandesa se dejó llevar finalmente por la aflicción que las situaciones trágicas acarrean en nuestras vidas, sin miedo al cambio y con el deseo de compartir un trabajo muy personal, digno de ser apreciado como lo que es: una entrega honesta brutalmente humana en la que no escatimaron emotividad

8 / 10



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