17 may. 2018

"No debería catalogarse como un trabajo pésimo ni lo contrario, sino como una evolución en espiral que comulga con todas las facetas que ha tenido la banda y con una solidez que se agradece".



  • Genre(s):
  • Melodic Death Metal
  • Release Date:
  • 18 / May / 2018
  • For Fans Of:
  • The Lurking Fear, Dismember,
    Dark Tranquillity (old), Dissection
  • Links:
¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y no hay nada nuevo bajo el sol”.

Hablar de una banda que en 1997 juró ante los medios no volver a sacar un trabajo en 2018, es casi tan increíble como presenciar un nuevo trabajo producto de un esfuerzo por mantenerse vigentes. La pregunta correspondiente ahora es la siguiente: ¿Valió la pena ese esfuerzo?

Para poder entender el nuevo trabajo de la oriunda de Gothemburgo hay que entender que la banda tiene dos eras, una pre-Slaughter of The Soul, en donde se experimentó bastante y existían músicos que permitieron un sonido muy característico de lo que sucedía en Suecia en esa época y la era post-Slaughter of The Soul, la cual existe desde un disco antes (Terminal Spirit Disease), pero que explotó de manera brutal en nuestros oídos en 1996, con el trabajo anteriormente mencionado. También es menester mencionar la evolución de sus compatriotas que en su momento compartían un sonido similar: In flames y Dark Tranquility. Los primeros decidieron irse por un camino que fuera atractivo para las nuevas generaciones, y los segundos apostaron actualmente por un sonido un tanto melancólico y muy obscuro, el cual también se distancia de sus primeros y medianos trabajos.

Era cuestión de tiempo que At The Gates también se mudara a una tercera etapa y como prueba éste nuevo To Drink From The Night Itself, del que debo decir, no es nada similar a lo que nos trató de encaminar la banda con su anterior trabajo At War With Reality. Nos encontramos ante un disco poderoso, interesante, pero a la vez un poco complejo de escuchar. Una nueva alineación no siempre augura algo positivo y en este disco se estrena a Jonas Stalhammar supliendo al gemelo Anders Björler en la guitarra, quien normalmente se piensa es el creador absoluto de los riffs melódicos y pegajosos que hicieron a Slaughter Of The Soul tan popular, sin embargo, ese cambio nació en 1994 con la adición de Martin Larsson, miembro que aún se encuentra en las filas de At The Gates y por lo tanto en teoría no me parecía que debiera afectarse ese tan característico sonido en las guitarras, pero aun así sucede.


Y es que estamos ante un disco donde lo primero que se vuelve característico son las guitarras; no nos encontramos ante riffs totalmente gastados por una ola de bandas que intentó duplicar el éxito de la banda en 1996, hay melodía sin duda, pero se encuentra opacada bajo un gran manto obscuro muy denso, de riffs disonantes y profundamente malévolos, y es aquí particularmente donde recae el puntaje en el sentido de evolución. Puedo decir que ATG se ha vuelto más siniestro, en un nivel particularmente ocultista y se refleja por medio de las guitarras pues hay un sabor fresco y se perciben particularmente progresivos los riffs, no de una manera virtuosa sino en una discordia cambiante que, curiosamente, pareciera conectar con lo que se buscaba en sus inicios. Pero el resultado inevitablemente se compara y encontramos fórmulas que re-utilizan cosas de absolutamente todos sus trabajos, desde el más antaño hasta su antecesor más directo generando en momentos un ligero sinsabor auditivo.


Algo que puedo decir es una mejora bastante notoria es, que el bajo tiene un brillo lo suficientemente poderoso para poder acompañar las guitarras y aun así diferenciarse de ellas, no busca generar ambientes o abrumar con pasajes complejos, acompaña de manera sencilla como siempre lo ha hecho, pero esta vez se alcanza a disfrutar desde la primer escuchada. La batería es una mezcla de fórmulas de todos los trabajos de ATG, podemos escuchar cosas que siempre han estado en la banda como esa simpleza que se agradece con el tan característico sonido de la tarola. Bastante se hizo con las modificaciones a las guitarras como para que aquí también se intentara descubrir un hilo negro. Este instrumento es del que particularmente puedo decir tiene una producción impecable.

Con el tiempo la voz de Thomas Lindberg se ha vuelto muy característica y también la podemos encontrar en sus proyectos alternos actuales (The Lurking Fear y Sign of Cain), es ésta la que le da un sonido muy similar a sus trabajos de la era pre-Slaughter Of The Soul. Cumple de forma natural pero la adornan con algunos efectos y distorsiones con la intención de tal vez, darle más intensidad a esas partes, una intensidad que probablemente ya no pueda emular con su propia garganta. Resumiendo diría que el disco no es perfecto, la producción de las guitarras es un poco extraña; en aras de generar una relación con un sonido siniestro y disonancias en las cuerdas, se pierde abismalmente la definición y no permite un disfrute completo de este sonido, a pesar de la inclusión de un mayor número de solos de guitarra.


En la conjunción el ritmo del disco también es algo que sobresale notablemente, pero paralelamente no sé si de manera positiva o negativa, se va perdiendo conforme vas avanzando track por track y se siente como si se hiciera más lento, más pesado mientras avanza. Bien puede ser la intención de la banda, pero pareciera más que se iba deteriorando la energía con cada pista transcurrida. En conclusión, es el trabajo más obscuro de la banda desde aquel Gardens of Grief de 1991. No debería catalogarse como un trabajo pésimo ni lo contrario, sino como una evolución en espiral que comulga con todas las facetas que ha tenido la banda y con una solidez que se agradece, aunque en lo personal comienzo agradeciéndoles por romper esa promesa de hace 20 años.

Tracks recomendados: To Drink for the night Itself, A stare bound in stone, Daggers of Black Haze, In nameless Sleep, In death they shall burn.

8 / 10



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