10 abr. 2018

Un músico genuino, y mucho más importante, un autor, algo que escasea en el escenario de la música extrema.



  • Genre(s):
  • Atmospheric Black Metal | Folk
  • Release Date:
  • 6 / Apr / 2018
  • For Fans Of:
  • Saor, Agalloch, Woods Of Ypres
  • Links:
Todos los que alguna vez nos hemos acercado con una profundidad mayor a la común a cualquier medio artístico, tenemos cierta atracción o estupor con ciertos autores. Los factores por los cuales esa empatía existe son razonables en muchas ocasiones, pueden ir desde los mensajes que promulgan, pasando por los temas que abordan; y el cómo lo hacen, hasta por la simple estética con la que suelen trabajar, pero existen ciertos momentos en los cuales esa deferencia no tiene una razón objetiva, simplemente hay algo que nos logra cautivar de manera muy notoria. En mí caso, el trabajo hecho por el señor A.Lunn hace parte de esa categoría de materiales con los cuales siento una especial afinidad, y hasta el momento en el cual escribo estas palabras, aún no logro descifrar el acertijo de ese cariño. Hace muchos años descubrí el Kentucky y fue una de las cosas que en su momento no llegué a apreciar, paso el tiempo y llegó Roads To The North, disco que se convirtió en uno de mis favoritos instantáneos del año en el que salió, y me hizo revisitar aquel comienzo de todo.

La cumbre de mi encanto con este músico llegó con el aclamado Autumn Eternal, el cual cerraba con broche de oro uno de los grandes triunfos del black metal del nuevo milenio. Aquellos presentaban a un músico genuino, y mucho más importante, a un autor, algo que escasea en el escenario de la música extrema. En momentos de angustia en mi vida, o en los cuales necesito refugio, suelo volver a ellos y las sensaciones siguen intactas.


Es por eso que al abordar The Scars of Man on the Once Nameless Wilderness no lo quiero hacer de una manera técnica o con el formato de una crítica formal, considero que la obra de este señor es algo que no busca la grandilocuencia o el reconocimiento, sino más bien, el transcender mucho más allá y llevar su mensaje a terrenos desconocidos. El nuevo viaje que nos propone el oriundo de memphis es quizá el más ambicioso de toda su carrera, demostrando que todavía tiene mucho para darnos y que no ha dicho lo ultimo que tenia por decir. Tenemos que conocer a alguien todavía.

Las puertas del bosque se abren en su majestuosidad y somos invitados a una pequeña cabaña donde nos espera un hombre, con rasgos desgastados y una sombra en los ojos, pero con una sonrisa que emana su rostro corroído por los años, nos invita a sentarnos al lado de su fogata. Con el calor incisivo que desprendía el fuego y la oscuridad gélida de la noche, aquel sujeto dice qué quiere contarnos una historia, la cual es una de tantas que pudo haber vivido. Una mirada cansada nos atrapa y una voz ronca nos ataca en el fulgor de la noche, haciéndonos participes de un monologo sobre la destrucción de nuestra identidad, de cómo poco a poco vamos perdiendo el rumbo en cuanto a nuestra naturaleza como seres humanos. Habla sobre la destrucción que guardamos en nuestro interior, y cómo la liberamos sin contemplación alguna en cada lugar que pisamos, de forma iracunda nos recrimina sobre nuestra posición y la perdida de nuestros valores con las tradiciones que no respetamos. A medida que avanzan los recuerdos de esa vida que dejó atrás, nos adentra mucho más en los sufrimientos que vio padecer a su gente, de la vida que perdió y de lo que nunca llego a hacer, por miedo, decepción o quizá porque no sintió la necesidad de hacerlo.


Su semblante fue cambiando cada vez más a un tono profundo de dolor y agonía, pero nunca hace mención acerca del por qué, intuitivamente fui construyendo la historia de perdida y duelo que iba contando entre líneas. Culminando con su narración sus ojos se posaban de forma directa a las llamas, las cuales no tenían la intensidad de antes, detrás suyo tomó su pequeña guitarra y con un tono de redención comenzó a entonar melodías cálidas y acogedoras que me hicieron estremecer. Cantaba sobre las facultades de la naturaleza, la magia que esta había provisto su vida luego de todo lo acontecido, de cómo logro enfrentar sus demonios y limpiarse de ellos gracias a la paz del mundo en las montañas, pero también tuvo la valentía de alimentar su melancolía debido al dolor que sentía por lo poco que los humanos apreciamos lo que tenemos. Iban y venían la lluvia de coros alegres, otros nostálgicos, otros incluso angustiosos o tristes, fue toda una oda a las virtudes y defectos de la humanidad. Las ultimas notas que emanó su guitarra fueron un grito al cielo en una larga plegaria, quizá sin ningún receptor, aquel hombre con una pasión increíble rasgueaba su instrumento sin cesar, era palpable el sufrimiento, con lagrimas en sus ojos se despidió y con un ultimo acorde nos dio el adiós.

He llegado al final de este cumulo de cosas que me rodearon a la hora de escuchar está placa, no se sí esto llegue a hacer justicia a los mundos construidos por este artista, pero a decir verdad creo que esto es lo mejor que puedo hacer a la hora de hablar de ellos, cuando algo me llega de forma tan profunda no puedo considerarlo de forma objetiva cómo para ponerle una calificación, lo único que puedo de decir es que lo que ha hecho Panopticon a lo largo de los años merece ser visitado y comentado, qué cada uno saque sus conclusiones y determine el valor que le quiera dar, en mi caso es incalculable.




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