5 abr. 2018

¿Es esta una de las colaboraciones más ambiciosas del año? Seguro sí.
¿De verdad dignifica lo que debería de ser? No lo creo.



Ahora que las bromas con los “mejores crossovers” o participaciones cruzadas están en boca de todos, sería entretenido llevarlo al terreno del metal y pensar cuáles han sido algunas de las mejores colaboraciones que han figurado en la historia del género, seguro es una conversación que da para pasar mucho rato sentados en la mesa y al final acabaríamos peleados o en desacuerdo, sobre lo bueno-malo de algunos invitados en X trabajos.

No obstante, quiero referirme en concreto al reciente single en formato de EP que presentó Persefone, levantando polvo y causando alboroto en todos lados al anunciar de invitado a Tim Charles y su violín, quien como todos sabemos son de los miembros estelares de Ne Obliviscaris. El tema en cuestión “In Lak’Ech”, fue lanzando el mes de marzo en el momento adecuado para discernir las cualidades positivas o negativas en torno a este clima de colaboraciones ambiciosas que está de moda mencionar, pero dejando el lado el timing en que llega (y puede ser visto en tono serio o de broma, juzgue usted mismo), vayamos a lo importante que es el resultado de hacer equipo con un tema de casi siete minutos.


Tanto Persefone como Ne Obliviscaris se han convertido en gigantes de la musicalidad actual, en sus respectivos nichos han hecho bastante para destacar y quedar exhibidos en las mejores castas del metal progresista accesible, entre ambas bandas existe una delgada línea de comparación que sirve de antesala para saber que cualquier cosa salida de juntar a sus integrantes puede ser fenomenal, a eso hay que reconocer que Tim Charles es un integrante clave en lo que es el conjunto australiano, por eso al escuchar a los dos nombres en la misma oración o leerlos en el mismo título de una canción es fácil que las expectativas se disparen, pero me parece es todavía más fácil quedar atrapado en esa idea de “excelencia musical” sin llegar a las conclusiones justificadas y asertivas acerca del pedazo de instrumentación que estamos recibiendo.

Es de mi entender que “In Lak’Ech” fue compuesto durante la gira de promoción para Aathma y así es como conocieron a su invitado de honor, si tengo mi información equivocada tampoco cambia nada. El temor porque se escuchara apresurado, o por debajo del sello de calidad al que nos tienen acostumbrados los andorranos se presentara, me mantuvo dudoso de entusiasmarme (apenas un poco), por fortuna no fue el caso y en la primera pasada la canción deja intacta la garantía de Persefone, pero sin garraspar lo bueno del tracklist que obtuvimos de Aathma. Durante la introduccion el violín toma algo de presencia y cercano a los tres minutos del track lo vemos crecerse con la intervención de Tim, en adelante comienzan a desenvolverse los diferentes matices signature con que cuenta él, sumándose al estilo de progresión en la melodía de sus anfitriones y regalándonos momentos disfrutables con su instrumento personal. Sin embargo, lo mínimo de su aparición llega al grado de parecer sin sentido, casi ausente, y no se trata de los pocos segundos que tiene en la pieza sino de la carencia de memorabilidad con la que firma el australiano, dejando algo que puede hasta sonar frio cuando conoces el repertorio que tiene el músico a espaldas.

En las reproducciones consecuentes se puede notar que la canción es reservada, a expensas de no arriesgar el buen nombre de su catálogo. Como si se tratara de cicatrices en el rostro de un modelo, el talento de ambos parece haberse cruzado de brazos optando por lo seguro.

Entonces ¿es esta una de las colaboraciones más ambiciosas del año? Seguro sí, si se tratara de equivalencias en cualquier otra industria, la marca de estos dos nombres haría muy costoso ponerlos en el mismo cuadro por mucho tiempo. Ahora, el esfuerzo puesto ¿de verdad dignifica lo que debería de ser? No lo creo, pero es obvio que aun así obtienes algo digno y eso debería bastar.

De una cara está la alegría de escuchar a tus artistas haciendo bellos sonidos juntos, podría incluso escucharlo cientos de veces por gusto personal, pero en esa cantidad de reproducciones seguirá sintiéndose el ardor de la bofetada, al no hacerle justicia artística a lo que esta reunión pudo haber tenido de provecho para ambos. El único lado positivo es que nos dieron una probada del “qué tal si” y aunque sé que no es mi lugar para decirlo, ojalá una segunda ronda realmente proporcione algo a la altura de los participantes.


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