21 mar. 2018


No quiero ser ese “metalero enajenado” al decirlo, no es un artículo basado en el gusto, tampoco es que pretenda demeritarlo con esta opinión, es precisamente lo contrario, sin embargo es necesario comenzar admitiendo ciertas verdades. Si el Metalcore se ha consolidado entre los géneros menospreciados de toda una generación entusiasta del sonido pesado, se debe a una importante razón, en parte injustamente desencadenada por la desinformación, propagada a voces y la imponente (pero falsa) fuerza en la época del meme, esa voz soportada por quienes lejos de admitir sus virtudes las minimiza y sustituye ridiculizando los aspectos negativos de las bandas más populares (estandartes nos guste o no), porque no faltará la persona poco interesante que sin nada que decir aparece aparentando noción de lo que de verdad acontece en el género, demeritando todo lo que está detrás, pero esto puede tomarme una discusión totalmente aparte del tema central.

El problema concreto dentro del Metalcore que hoy lo afecta es consecuencia del poco empuje que ha tenido con los años, contraproducente a una explotación excesiva del sonido que lo caracteriza y una industria que, homogeneizando los valores de producción continúa propiciando la mediocridad ante lo fácil, germinando un semillero en el cual la gran mayoría de aspirantes tal y como nos llegan se plantan sobre la misma base, apelando al gran público que tiene siendo un estilo fácil de adentrarse o simplemente por ser el que está de moda, ocupando un espacio más antes de buscar una voz propia, esta situación lo lleva al punto de quiebre en que la influencia detrás de cualquier trabajo pierde todo valor y el mérito de proponer no existe más allá de las pocas distinciones que logres advertir, el sonido no deja de ser enérgico y transmitir euforia pero a la hora de reunir todo es claro que las intenciones son vanales y planas. Ahí es cuando se convierte en ese estilo descuidado que muchos prefieren evitar y del que poco a poco han ido alejándose (me incluyo), sin mencionar que, se ha vuelto un movimiento del cual muchos sitios web objetivos del periodismo en el metal parecen haberse divorciado, siendo pocos los de renombre serio que le dan el espacio y la oportunidad.

Ya entrados en calor, por supuesto que existe la fuerza opositora, ese gremio que con esfuerzos - en ocasiones insuficientes u ocultos a contraluz - marcha a paso corto, certero y lento pero avanza, en los lugares que no estamos poniendo atención, ya sea porque no nos venden esa imagen de ellos mismos o porque no ocurre en donde lo esperamos. A ese grupo de bandas nuevas quiero dedicarle este artículo, siendo un espacio encabezado por el reciente lanzamiento de As Oceans, ya que si aprovecho para abordar esta situación se debe primero a que en su nuevo trabajo cambiaron de actitud al desprenderse de lo que venían haciendo y además buscan un camino aparte del que ya les mencioné.


Si bien, los minutos iniciales de Still Miles To Go son el reflejo de que “aún quedan millas por recorrer” tanto en las decisiones del cantante como la instrumentación, sin duda los primeros pasos siempre serán muy importantes y vale la pena reconocerlos.

Conforme se desarrolla el tracklist va descubriéndose la intención por crear un sonido atmosférico con las afinidades chug de la guitarra metalcore, y no, no es únicamente lo que entendemos en este ámbito elaborado con pasajes de sintetizador y ambientes de motivo neblinoso, se entiende diferente reajustando la instrumentación un poco, remplazando la velocidad habitual por la apariencia de ritmos desarticulados y regurgitantes, apoyados por la estela vocal que alarga su canto permitiendo que las capas de distorsión de la canción respiren entre los espacios de la composición.

Como álbum, sus elementos se quedan en un solo lugar, es decir, no convierte las ideas en disparates apuntando en todas direcciones, otra flaqueza que ha visto el estilo en los últimos años. Admito esa característica de Still Miles To Go como la de un trabajo modesto, honesto al no depender de las distracciones de una producción flasheante para engañar tu atención, así cada canción es un ejercicio de cómo elaborar la misma idea desde un ángulo distinto, con un valor de aproximación diferente que le dé continuidad al disco. Eso de entrada requiere más cerebro que agarrar lo que se te ponga de frente y tejerlo con breakdowns polirritmicos. Mientras los gritos no te ofrecen distinciones significativas, la música desarrolla momentos impredecibles en los que el vocalista emplea lo limpio de su canto con enfoque único, sustentando el concepto atmosférico del álbum hacia un juego de afinaciones menos corrientes, que por el momento solo puedo emparentar con las de Gareth Mason (Slice The Cake), al añadirle texturas teatrales que aumentan el grado de emociones que puede evocar un trabajo de este tipo.


En cualquier ámbito creativo no se inicia creando algo enteramente nuevo, se toman prestados cosas de aquí y allá para moldear algo desde tu personalidad - esa debería ser la regla de honor. En cuanto a lo musical se ve que aquí el math metal tiene un ligero acercamiento con el death metal, al trabajar versos pesados que no dependen de la caída del breakdown para generar aceptación en el oyente, y cuando los hay, son otra clase de golpe cocinado a tempo lento, trayendo modulaciones sutiles pero evidentes si ya llevas un rato sofocándote de la misma propuesta. Recientemente otro grupo que parió algo similar (en influencias, con resultado aparte) fueron los suecos debutantes de Letters From The Colony, algo que los cazatalentos de Nuclear Blast reconocieron y rápidamente se dieron a la tarea de registrar en sus filas.

Como pequeña estrategia puedo entender que As Oceans decida nombrarse acto de metal progresivo, tratando de esquivar la polución de pronunciar un “metalcore progresivo” con el estigma que carga, pero no lo son, hay otros grupos que encajan mejor bajo esa descripción, principalmente en el país de Francia los nombres de Kadinja y The Dali Thundering Concept (ahí la razón de incluirlos en la imagen de encabezado), que llevan al género a una transición más fidedigna de lo que sería un hibrido entre ambas vertientes y no lo que vemos falsamente pregonado como tal, pero ese es un tópico que reservo para cuando sea momento de comentar su próximo disco. A lo que voy con esto es, la impresión que deja este reducido número de bandas que no se les reconoce como debería el comenzar a repercutir en nuevos horizontes, cuando cientos de bandas están ahogadas en el conformismo.

En el encabezado figura la portada de Arkentype para Disorientated, un lanzamiento noruego del 2015 que tuvo la curiosidad de acercar toda esta rítmica con parafernalias operáticas y un despliegue sofisticado que no vas a encontrar en otro lado, desde luego el metalcore es la columna energizante sobre la que postran diversas clases de argumentos y no quise desaprovechar la mención si aún no los has escuchado. Tres o cuatro años atrás trabajos como este no me habrían detonado la inquietud de hablar así del género, porque tres o cuatro años antes el empuje tampoco estaba bien definido, pero apariciones como la de Atena, Spiritbox y lo ya nombrado, hoy me dan la confianza admitir que el metalcore está mutando y seguramente este 2018 presentará más ejemplares dignos de aseverarlo. Quédate atento que de ser así estaremos discutiéndolos.





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