15 feb. 2018


La oportunidad se dio y no había manera de dejarla pasar. Una banda hasta hace poco ajena que se ha ganado el respeto y seguramente un estatus muy alto en el metal, ha sido Igorrr, especialmente luego de lanzar Savage Sinusoid a través del contrato con Metal Blade Records.

Dos años atrás, la idea de considerar un show de ellos en México parecía poco menos que imposible, pero la brecha se ha reducido favorablemente y viendo aparecer flyers atractivos cada vez con mayor frecuencia le llegó el turno a ACK de traer a este cuarteto de salvajes extremistas a Guadalajara, ocasión para la que asistí junto con Alan y la no-muy-buena guía de la ciudad, Edith.

El evento se dio lugar, la gente interesada del espectáculo y parafernalia del metal acaparó la asistencia del C3 Stage, pero también se podía spotear a los que deambulaban sedientos del gusano electrónico de Igorrr; en ambos casos, lo único seguro entre las miradas que se cruzaron era la certeza de no saber que esperar.

A los pocos minutos de darse las 9:00 p.m. salieron al escenario y sin decir una palabra cambiaron de switch abriendo el misticismo del ritual en que, implícitamente sabíamos que no habría de pronunciarse palabra alguna por parte de los integrantes.


Abrieron con "Opus Brain" y de entrada una cosa dejaban claro, estando juntos cualquier escenario les vendría chico a los dos cantantes; Laure por su parte extrovertida, tenia medido el espacio escénico y con seguridad se movía o brincaba por donde la música la llevara, sin importar que tuviera que hacerlo interpretando la pieza; del otro lado Lunoir, que serio y plantado como estatua de piedra arrojaba entrañas mientras permanecía marcando territorio en una esquina. En esos momentos no importaba el destello de sonidos y el show de luces que rodeara, con ellos dos juntos no había mejor opción a la cual dirigir atención.


Aunque en más de la mitad del concierto fue Laure quien gobernó la situación, girando y cazando miradas en el espectador, que como bien señaló otro amigo “te hechizaban”; el conjunto completo estuvo siempre atento de cuidar que nada se escapara y la chica de señalar cada cambio importante con alguna gesticulación.

De canción en canción la dinámica del setlist se fue explicando, en cada aparición era obvio que ambas voces se exigían demasiado y necesitaban el descanso, por lo que nos acostumbramos a verlos salir del escenario por turnos y regresar unos minutos más tarde para dinamitar el vigor de las canciones más rigurosas que ofrece su catálogo. Así el orden, además de traernos con ansias a “Spaghetti Forever” e “Ieud”, nos regaló momentos específicos para saborear lo mejor de sus habilidades en la discografía de Igorrr, como fue escuchar a Lunoir interpretar “Grosse Barbe” de Hallelujah sin dejar escapar una nota, una acción que no tardó en hacernos reaccionar y voltear a vernos con asombro.

O por su lado y de nuevo, Laure, haciendo suyo el show con dos temas del Split Maigre: “Biquette” y “Barbecue”, "improvisando" una coreografía que ya se veía ensayada sin embargo no perdía naturalidad en sus reacciones montadas sobre la música.


En todo momento el baterista, Sylvain Bouvier, atento a sus intervenciones sostuvo una ejecución limpia con precision sobrehumana, encima de la barrenadora drill & bass que propiciaba Gautier en su tornamesa, alguien de quien todo lo bueno se puede decir, manteniendo una actitud de maestro de ceremonias a lo largo del concierto, dirigiendo las pistas desde abajo hasta el climax y llegada la hora del encore, convirtiendo el lugar en un saco de patadas, estirones y jalones de greñas que por poco nos hacía pedir una camilla. Terminando la fobia impronunciable de Savage Sinusoid y el más glitch de todos los temas “Robert”, Igorrr daba por terminada su presentación agradeciendo y recibiendo los aplausos del lugar, hubo incluso quienes seguían gritando por más, pero dudo que el rush los hiciera conscientes de que “más” era absurdo de tolerar después de lo que acababa de pasar.



El público estuvo eufórico pero manteniéndose receptivo de las reacciones que pedían los artistas, algunos más quedamos rendidos al trance interpuesto por la ceremonia en lo que solo pudimos dejar la mirada fija procurando parpadear lo menos posible, disfrutando la convivencia de un show que se vivió intimo a expensas de la estreches del lugar que dio complicidad al publicó del C3 Stage, con un cierre memorable en el que incluso un amigo aprovechó para arrojar un paquete que pronto fue recogido por Laure y entregado a manos de Gautier.

En algún momento del día estuvimos bromeando con la idea de preferir ver a Igorrr una vez o varias veces alguna otra banda que nos fascinara y al final favorecíamos a Gautier y compañía, ya que si no lo fuera tanto por el gusto a lo que producen, la inquietud de conocer la experiencia que crea el sonido de ellos en vivo deja fuera de competencia a muchos pesos pesados. En un principio era difícil dudar de su habilidad como intérpretes y de la manera en que convierten las estructuras de sus canciones en un metal extremo fuera de serie, pero también difícil era anticipar como traducirían la intención de sus canciones a menudo complicadas, en un ambiente en vivo. Afortunadamente el espectáculo se logra aterrizar en una experiencia que no puede ser contada, robando tensiones y superando las expectativas de todos, terminando con la noción de saciedad de algo que sabías sentir pero no explicarlo y así preferimos dejarlo.


Edith García en la fotografía.


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