10 oct. 2017

«Aquí somos nosotros quienes ponemos imágenes a lo que escuchamos, y sentimos aquello que sin darnos cuenta estaba allí, aguardando para ser reconocido por nosotros, como si se tratase de un problema sin resolver»



  • Genre(s):
  • Post-Rock | Neo-classical | Ambient
  • Release Date:
  • 2 / Oct / 2017
  • For Fans Of:
  • Max Lilja, Arve Henriksen, Hungry Ghosts, Godspeed You! Black Emperor
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Directo desde Bélgica tenemos para ustedes una reseña de un disco muy especial. Se trata de Bell Dogs, debut (not) de Nile on waX, que es un trío conformado por la violinista Catherine Graindorge, el bajista David Christophe y el baterista Elie Rabinovitch, creado en el 2007, cuando eran conocidos como NOX. Tras dos álbumes, uno en 2009 (Nox) y otro en 2011 (Freaks), han consolidado un sonido tan distintivo que nadie que los haya escuchado podría olvidarlo.

La música que hacen estos belgas pertenece a tantos géneros que hacer una lista resultaría ridículo, por lo que la forma más eficiente de describirla es como neo-classical post-rock. De entrada saben que bandas de post-rock instrumental con instrumentos de cuerdas como el violín o el cello nos ofrecerán una carrera hacia un mar de sensibilidades, donde las emociones se yuxtaponen y la más pequeña fibra de nuestros cuerpos deja de ser estática y comienza a bailar y llorar al son del compás. Una experiencia cinemática inversamente proporcional a lo que grandes compositores de bandas sonoras como Jóhann Jóhannsson, Max Richter, Alexandre Desplat, etcétera, han logrado a lo largo de sus carreras. Al contrario de estos grandes compositores cuya música dictamina lo que el espectador debe sentir al mirar cierta toma o escena, la música de artistas como Nile On waX, Dustin O'Halloran, Ólafur Arnalds, entre otros, que si bien ha sido usada en filmes, no es creada para ser sobrepuesta en imágenes buscando reforzar un sentimiento que debería estar presente. Aquí somos nosotros quienes ponemos imágenes a lo que escuchamos, y sentimos aquello que sin darnos cuenta estaba allí, aguardando para ser reconocido por nosotros, como si se tratase de un problema sin resolver.


No me cabe la menor duda que muchos de ustedes, quienes están escuchando a Nile On waX por primera vez (o en su defecto, Nox), encontrarán como referencia inmediata a Godspeed You! Black Emperor, y es que no puedo culparlos, su servidor se encontró en esa misma posición. Sin embargo, a veces las coincidencias temporales pueden ser demasiado mesuradas; con el lanzamiento de Luciferian Towers el pasado mes, una comparación entre los belgas y los canadienses es algo inevitable. Empecemos por lo obvio, ambas son catalogadas como agrupaciones de post-rock, no obstante, esto es erróneo hasta cierto punto, dado que ninguno de los dos se ha dedicado de lleno a la composición de dicho tipo de música; de hecho, desde inicios de los años dos mil para acá GY!BE dejó atrás el post-rock y fue más allá, enfocándose en la música ambiental, con la incrustación de elementos característicos del drone y del noise, más o menos presentes, dependiendo del disco; a partir de su regreso en el 2012 con Allelujah! Don't Bend! Ascend!, pareciera como si lo único que han hecho es un remake del mismo disco, agregando éste o aquel elemento y quitando varios más. Luciferian Towers es probablemente la marca más baja en su carrera y supuso el punto de quiebre para varios seguidores, pues los hizo replantearse el papel que ha tenido la banda en la música contemporánea, las expectativas que se deben tener hacia materiales por venir, e incluso el propio rol que se tiene como fanático de algún proyecto musical. Es entonces que se comienzan a escuchar otros proyectos con oídos nuevos, sin esa estática permanente dentro de nuestras cabezas, cegados (y sordos) por el fanatismo. Bell Dogs es un trabajo que se siente como tierra firme en un naufragio, es aquella certeza de que todo estará bien y que en el momento de mayor frustración siempre prevaleceremos, así sea solo por las marcas que dejan nuestros pies, evidencia de que habitamos esta tierra.


Vamos, que Nile On waX no pretende destronar a GY!BE, esto resulta imposible y ridículo, el mejor disco de cualquier artista no sería suficiente para siquiera hacerle cosquillas a semejante leyenda. Es por eso que los belgas juegan para sí mismos y cualquier reconocimiento será bienvenido, pues una vez que se comienza a hacer música para todos menos para uno mismo, es que la calidad se verá comprometida exponencialmente con el paso del tiempo. Canciones como "Rhapsody" y el homónimo del disco son ejemplares magníficos de una combinación de melodías neo-clásicas con crescendos post-rockeros que pueden llegar a ser en extremo agresivos, así como la utilización de recursos de música de cámara para suturar las heridas abiertas en el transcurso. "Nightride" es quizás el track que más contraste tiene; alejándose de aquello que abordan el resto de los temas, este tema saca a relucir los dotes jazzísticos de los tres miembros del equipo, erosionando como una lucha de pasiones con tiempos rápidos y una progresión tenaz. "L'Oeil Silencieux", por su parte, consta en su mayoría de pasajes atmosféricos que evocan sentimientos de desolación y aridez, similar a lo que sentiríamos en medio de un paraje ártico donde nada crece y nada se mueve salvo el sol y las estrellas, muriendo por inanición y falta de contacto humano. "Liquid Birds" y "Pixelated Dream" son los temas más breves del disco, su posicionamiento los otros los hace asumir la función de puente entre los tracks más fuertes, pero no deben ser subestimados, pues son una gran expresión minimalista, especialmente Pixelated Dream, que se apoya en un sample incrustado en sus casi dos minutos de duración.

Bell Dogs se posiciona muy bien frente a Freaks y Nox, y aunque el estilo permanece más o menos íntegro, es notoria la intención de ir más allá, tomándose cada vez más en serio lo que están haciendo, pues esto puede ser visto como método de búsqueda de identidad y autorreconocimiento. Tal vez a esto se debió el cambio de nombre que tuvieron. No hay peros que ponerle a un material como este, que ofrece todo sin pedir nada a cambio, salvo un momento de atención y las expectativas de mover cada fibra en nuestro interior, sumerjámonos en las singularidades que aquí se ofrecen, destruyamos nuestro cuerpo y volvamos a nacer entre las turbias aguas del Río Mosa.

9 / 10


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