18 may. 2017

"Ellos parecen haber descubierto una buena manera de llevar las composiciones complejas a los territorios del sonido comercial sin evaporar sustancia en el proceso..."



USA
  • Genre(s):
  • Progressive Metal, Symphonic Rock
  • Release Date:
  • 28/04/2017
  • For Fans Of:
  • The Human Abstract, Between The Buried And Me, Art By Numbers.
  • Links:
Previamente se advirtió que Artificial Language dejaría muy buena impresión con The Observer y parece que no estaba tan equivocado. El debut de este sexteto gringo en parte hereda lo que fue el sonido de la banda de los guitarristas Victor Corral y Charlie Robbins, Art By Numbers, permanecen las influencias neoclásicas de hace cinco años aunque no necesariamente continuaron la misma línea. Este nuevo emprendimiento llega ambicionando ponerle un sabor diferente al prog moderno on un par de cosas que debo agregar, a veces se extrañan del género.

Hay bandas de metal progresivo actualmente que usan el rock o el gancho del pop para maquillar su estilo y son cada vez más si hablamos de ese mundo que instrumentalmente reúne una estética similar al conocido Djent y arbitrariamente nombrado Progressive, pero cuando lo piensas, los grandes nombres de la escena: Tesseract, Periphery, Monuments... y las siguientes oleadas de generaciones junto a lo moderno/experimental de sus influencias, terminan sonando a nuevas formas de pop más que de metal. No exactamente pues, pero poco a poco este “atractivo de moda” –con sus excepciones– acaba reduciendo al género en exceso de cleans, djent, polirritmia y otros (buenos) distractores arreglos cuya silueta ya reconocemos a la distancia. Podría entender que se trata de intenciones propositivas o de trasladar el género por los terrenos comerciales y de hacer vida con las ganancias, lo entiendo y me gusta hasta cierto punto lo que se ha hecho, lo que digo es que mientras de esas bandas se puede hablar del mismo modo, no sería justo para Artificial Language incluirlos en el mismo saco cuando ellos transitan otro camino, sin hablar de que te gusten o no. Era importante que estableciera esa diferencia inicial y que a sabiendas de la idea general que han sembrado dichas bandas, en adelante no se confunda mi punto de vista al referirme a la estética pop de El Observador.



Artificial Language se planta en la línea que divide el rock del metal y sigue la antorcha de ese reducido grupo de bandas que respeta los gustos intrínsecos del fanático prog, ese gusto que nos mantiene al acecho de nuevos proyectos, esperando descubrir el juego de excentricidad entre lo complejo y melódico que presenten sus composiciones o las sensaciones que las acompañen. Personalmente esa onda pop no me incomoda en lo nuevo y no es algo que juzgue, sin embargo sí sigo a la expectativa de lo primero y mi impresión es que ya casi no encuentras grupos que cumplan esa función de manera autentica, pura y sin disfrazarla de otras cosas que suenan a llenar de macetas un cuarto donde sobra espacio.

Derrochan tinta y narrativa a través de un lenguaje artificial capaz de escribir canciones a nivel de exponentes como The Human Abstract y Between the Buried and Me, pero descartan por completo el uso de growls y lo que tenga que ver, se dedican exclusivamente al trabajo limpio tanto en voces como en la labor rítmica, además se rodean de una atmosfera neoclásica inteligentemente sobrepuesta al concepto general del disco que incluye jugosas guitarras y una cuadrilla sinfónica de arreglos orquestales (piano, arpa, violín, guitarra clásica y más) elaborando intros eficientes y paisajes versátiles para dar la impresión de música de cámara. Eficiencia y agresividad procesadas por un sofisticado filtro que no se olvida del elemento crucial: un fino sentido de melodía ideal a la narración.



Delicadamente te van desplazando por una galería de sonidos que crecen en fascinación y atracción. The Grand Skeptic es la primera muestra del poder técnico que tienen para ensamblar notas a la par de lo que la expectativa pide. De track en track iras descubriendo que traen para invitar varias rondas, constantemente evitando al humor deslizarse en un coma musical monocromático. Piezas de piano sin esfuerzo e intrincadas, construyendo temas potentes y sorprendentemente frágiles; guitarras a todo esplendor; destellos de rush agresivos que dedican para hacernos saber cuan serios pueden ser y un gran etcétera. A menudo, la sensación aquí es más de una banda homenajeando un recital clásico, que de una banda que escribe canciones al son de lo que dicte la instrumentación. Shay Lewis sabe acoplar su rango vocal para reforzar esta idea, y ya estando aquí, tengo que reconocer los beneficios que aporta su desempeño al resultado total del disco. Mientras recorres cada tema puedes notar características que lo hacen destacar del resto de actos americanos de prog, con un rico catálogo de matices asemejándose más al estilo europeo de Leprous, Haken, Agent Fresco o los australianos de Caligula’s Horse y Karnivool. Al final, la contribución que hace el cantante tiene demasiado peso en la estima que puedas tener del disco y gran parte es gracias a la frescura que adhiere su timbre dentro de todo ese rango de referencias únicas. Ellos parecen haber descubierto una buena manera de llevar las composiciones complejas a los territorios del sonido comercial sin evaporar sustancia en el proceso, ese metal que esconde capaz de complejidad pero es divertido y disfrutable desde la primera vez. Es difícil que alguien desdeñe este trabajo a la ligera y se salga con la suya. Entre la comunidad de músicos puede considerarse simplemente “algo bueno” pero para los simples mortales como nosotros que recorremos el mundo del prog zigzagueando a la deriva entre banda y banda, podría convertirse en autentico favorito.

9.2 / 10


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