4 mar. 2017



El pasado 18 de febrero me aventuré a la Ciudad de México para asistir a la tercera edición del Forever Alone Fest, el primer festival de post-rock y math rock de Latinoamérica que comenzó como un festivalillo en el 2015 como un statement en contra del 14 de febrero y su amor romántico y consumista, para, en su lugar, celebrar todo aquello que queda desplazado u olvidado como los amigos, los fuck-buddies, la soltería, y por supuesto, a todos los forever alone. Las bandas que se presentaron en este festival fueron completamente locales, pertenecientes todas a la Ciudad de México (y una del Estado de México).

Cuando la tercera edición del festival se presentó les dio en la madre a todos sin que nadie supiera cómo o de dónde provino el golpe. El anuncio de que This Town Need Guns iba a formar parte del festival fue algo más allá de lo sorpresivo, no solamente se había agendado a una banda que nunca antes había pisado suelo mexicano, el hecho de que se haya dado un salto de ser un festival semirregional a un festival internacional no tenía precedentes en tierras latinoamericanas. La dinámica del festival cambió completamente y con esta, el discurso del mismo. Conforme más y más bandas –nacionales y extranjeras- iban siendo anunciadas, se volvía evidente que esto había dejado de ser un espacio de entretenimiento y ya; ahora el festival apuntaba a objetivos que pocos se han atrevido a seguir: cambiar la forma en que la música es difundida en nuestro país y ofrecer una alternativa a la monotonía que las empresas promotoras y difusoras habían establecido de forma monopólica en el país. La valentía de un colectivo que prácticamente carecía de fondos suficientes como para tener una garantía de que todo estaría bien si las cosas llegaran a estropearse, será digna de admiración en los años porvenir.

El día en que los Sadamixers se reunieron.


Tras un cambio de venue y la lamentable cancelación de Tortuganónima del festival por cuestiones de logística ajenas al festival y la banda, se llegó el momento que todos esperaban, ver a 5 bandas que se presentarían por primera vez en el país, así como a otras cinco bandas que no tenían mucho qué pedirle a las otras bandas.

Las puertas fueron abiertas a las 13:00 y sin mayor inconveniente la gente fue entrando al Foro Indie Rocks. La música no comenzó sino hasta pocos minutos más allá de las 14:00 por lo que las personas que entraron desde temprano tuvieron la oportunidad de recorrer lo que sería el espacio más vibrante de la ciudad por las próximas 12 horas. Yo Triceratop!, A Shelter In The Desert, Mylets, Joliette (como reemplazo de Tortuganónima), For Dummies, Caspian, Totorro, This Town Need Guns, The Polar Dream y This Will Destroy You fue el orden en que tocaron las bandas.

Para un servidor, asistir a este festival supuso un cambio completo de paradigmas, y en cierta forma, una renovación de fe (?) en los sectores dedicados a la música y el entretenimiento de México. Olvidémonos un momento de todos aquellos festivales masivos que se celebran año con año y enfoquemos el lente en las pequeñas escenas locales, en donde las personas tienen el poder sobre el futuro de las bandas. ¿Qué significa que un festival con solo dos ediciones fuera por la grande y haya organizado semejante bestia? Que la búsqueda de lo diferente es de cada vez más personas, que la monotonía y el discurso de las “bandas de sitio” ya no convence, y que la forma de hacer las cosas no se limita a una sola forma. Asimismo esto es el ejemplo perfecto de que si las cosas se quieren, entonces pueden hacerse, y por supuesto que podría ser necesario atravesar mil y un infiernos para conseguir el resultado deseado, pero el hecho de que todo sea posible, aunque sea el cliché más grande todos, no cambia.

Cartel de la primera edición del festival. 

El concepto que se ha mantenido inmutable desde los inicios del festival, es el sentimiento de camaradería, pero no solo entre el público, también entre las bandas mismas y por supuesto la relación más importante entre público y banda. Para quienes asistimos es innegable que la convivencia con todas las bandas fue posible y además memorable, mexicana, francesa o estadounidense, eso no importó a la hora de intercambiar palabras de admiración, chistes o cervezas. En pocas ocasiones se tiene la oportunidad de experimentar la comunicación en un nivel tan personal, eso hace de esto un punto clave en lo que ofrece un festival como este en comparación a un, digamos, Vive Latino o Corona Capital. No trato de hacer verlo como un caso único, pero sí como un recordatorio de que lo que mueve a las personas más que escenarios gigantescos es poder experimentar de una forma más íntima lo que una banda puede ofrecer.

Originalmente este artículo era una simple reseña del festival que terminó extendiéndose demasiado, tras reescribir los comentarios sobre las bandas un par veces por cuestiones de longevidad, entendí que no hacía falta narrarles a ustedes algo que sustancialmente se vuelve irrelevante cuando todo internet está lleno de reseñas sobre el evento. Créanme cuando les digo que todas las bandas tuvieron presentaciones increíbles y mantuvieron al público con las lágrimas a flote. No hace falta decir más, porque sin importar la razón, nostalgia o felicidad, todos fuimos conmovidos a nuestra propia manera y fuimos testigos de lo que para las últimas horas de la noche se había convertido en una experiencia cuasi-religiosa.

No todo es miel sobre hojuelas.


Sí, el festival no estuvo exento de altercados, contratiempos y errores, vamos, ningún evento lo está; tampoco estuvo libre de quienes se llevaron malos recuerdos únicamente. No puedo culparlos, salir del trabajo después de las 12 en sábado, sin tiempo para ir a comer o ponerte ropa más cómoda, sobreviviendo a la brutalidad del metro de la CDMX y todo para que al llegar al venue te tuvieras que formar media hora y los de seguridad no te permitieran la entrada por haber sobrecupo. Este fue el descuido más grande de parte de los organizadores, que terminó siendo arreglado, eso sí, tras un considerable tiempo de espera, y sumado a esto la escasez (al menos en variedad) de mercancía, alimentos y lugares para el reposo fueron otras de las quejas más frecuentes. La corrección de los errores, grandes o pequeños son la tarea que los organizadores se llevan a su casa por el resto del año. Perfeccionarse es el fin que se persigue para su próxima edición (no confirmada, pero que sabemos que llegará).

Buen augurio


La vara está alta ahora y no será fácil alcanzarla, especialmente ahora que comenzaremos a ver más eventos de este tipo motivados por este festival. No malentiendan mis palabras, estoy muy consciente de que el festival no se volverá masivo ni que para 2018 tendremos 5 festivales distintos que sigan esta línea; lo que trato de decir es que el festival ha logrado vislumbrar lo que tanto necesitamos: la capacidad de elección. En este momento soy alguien con la fe renovada, tal vez por eso me puedo dar el lujo de parecer tan optimista, aunque tal vez es eso lo que necesitemos todos, un poco de entusiasmo del que nuestro espíritu tome bríos para poder animarnos a hacer las cosas. Su servidor estará al pendiente de las novedades que la gente de INTRSTLRS ofrezca y de las noticias de cualquier otro evento en el país que ofrezca algo diferente.


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