25 may. 2016

A principios de febrero, los polacos de Votum, cuyo nombre de la banda proviene del latín y significa “Un voto (hecho a los Dioses)”, que va de la mando de un sacrificio para obtener algo a cambio, regresan después de 3 años con su cuarto LP, :KTONIK:,  y un montón de polémica alrededor de él. En primer lugar está la sorpresa de nuevos miembros: el guitarrista Aleksander Salamonik y el vocalista Maciej Kosiński abandonaron la banda, entrando como reemplazo el guitarrista Piotr Lniany y el suplente principal, el vocalista Bartosz Sobieraj.

Cuando antes se debatían entre el rock progresivo y el metal progresivo, el sonido del nuevo álbum es más sombrío y lúgubre que en sus anteriores producciones, incluso que en sus temas más “doomescos”, optando por un metal alternativo progresivo casi en su totalidad. Si antes su sonido era más parecido a las baladas de Riverside y los discos transitivos entre lo Doom/Gótico y lo Progresivo de Anathema o Katatonia, ahora es más asemejado a Klone, Wolverine y Soen.

Pareciera que el nuevo álbum fue escrito específicamente para la compatibilidad con Bartosz Sobieraj, y es que aunque los chicos de Votum dieron a conocer en entrevistas que buscaban sonar diferente con el cambio de vocalista, la realidad es que no había otra opción. La diferencia de voces y tonos es enorme. Maciej Kosiński tenía muchas líneas por cantar, su estilo delimitado y preciso encajaba perfectamente con las baladas pero contrastando muy agradablemente con los temas más fúnebres, aunque a veces su voz podía ser demasiado chillona. Bartosz, en cambio, tiene una voz más enérgica y agresiva con gusto por las notas alargadas y una cantidad considerablemente menor de líneas que su predecesor.

:KTONIK: no tarda en enganchar al oyente, el primer tema Satellite, tiene coros conmovedores y es muy digerible. La guitarra y los teclados de Greed se fusionan tan sutilmente que en momentos llegamos a escuchar un conglomerado de sonidos que recuerdan a una gaita.  Después llega  Spiral que tiene una atmósfera que se siente como esquizofrenia, transporta al oyente a un manicomio y recuerda tenuemente a Themata de Karnivool.

La primera “balada” del álbum toma presencia con Blackened Tree, dividida en dos partes; la primera se ciñe enteramente a la voz y los teclados, la segunda con toda la orquestación y los altos tonos de Bartosz, llega incluso a sonar como aquella parte de Undertow de Pain of Salvation donde Daniel canta: Let me break! Sin embargo ni así este tema compite con la emotividad de Satellite.
Simulacra es la canción más dinámica del álbum, riffs potentes y una batería explosiva elevan la adrenalina, que en los momentos más estáticos se va elevando conforme los teclados. El juego de manos de Adam Łukaszek y las figuras que crea son excelentes y los gritos de Bartosz se implementan correctamente. La letra de la canción, además aprovecha perfectamente la atmósfera agresiva de la canción.

Prometheus presenta una sólida progresión a lo largo del tema, es contundente, agresiva y épica. Horizontal es de esas canciones con atmosferas celestiales y coros poderosos, la batería de nuevo toma control de la canción en todos los momentos que no son el coro. Vertical es donde Bartosz saca los más poderoso de su ser, llegando a poner la piel de gallina. Es un tema que se siente y que deja una sensación cálida en el corazón.

Finalmente está Last Word, la segunda “balada” del disco que baja la temperatura y templa los nervios, dando conclusión a :KTONIK:

La portada del álbum, esa extraña figura poligonal sobre el celaje del fondo, encaja perfectamente con este nuevo sonido, y es que las imágenes que evocan las canciones de :KTONIK: siempre inmiscuyen paisajes nebulosos, perfectos para escuchar el eco de Bartosz a lo lejos.

Una de las únicas cosas que me decepcionaron de este álbum fue que no se tomaron riesgos a la hora de componer las canciones, la estructura que tienen es bastante simple, aunque muy bien hecha, se nota que no buscaron tomar mayores riesgos sumados al cambio de estilo necesario con la llegada de un nuevo vocalista. En general el álbum funciona correctamente, está bien ejecutado por lo que se perdona la falta de innovación; como dije anteriormente, parecer haber sido escrito de tal forma que funcionara con la voz de Bartosz, pero esto no significa que los demás pasen desapercibido. A lo largo del álbum Adam Łukaszek nos deleitó con una batería que aunque no destaca por ser revolucionaria, sí es dinámica y poderosa  y sobre todo ejecutada a la perfección. Los teclados de Zbigniew Szatkowski continúan siendo magníficos, son el ganchito que los mantiene unidos a los anteriores trabajos. Los riffs de Adam Kaczmarek y Piotr Lniany siempre poderosos encajan perfectamente en cada una de las canciones, aunque es en este rubro donde más hizo falta la innovación. Finalmente el bajo de Bartek Turkowski mantiene el balance perfecto entre lo melódico y lo más agresivo de las canciones.

No cabe duda que su nombre se ha hecho característico más por el sacrificio que por el Voto mismo, y es que los de Votum nunca la han tenido fácil, siempre siendo comparados (y opacados) por sus compatriotas de Riverside, pasan desapercibidos la mayoría del tiempo. Sin embargo, han sabido sobreponerse y a pesar de la pequeña fan base que tienen, han sabido mantenerse tocando en público y publicando álbumes nuevos cada 3 o 4 años. El futuro se ve bueno para esta banda y las expectativas, aunque no quedan altas, son prometedoras, esperemos que nos sorprendan con un trabajo por lo menos igual de bien ejecutado que este.

Hay que darse oportunidad de escuchar este disco, no es ni cercas candidato a lo mejor del año, pero sin duda tiene canciones memorables cuyas melodías querrás escuchar más de una vez.

Canciones favoritas: Prometheus, Spiral, Satellite.


Calificación: 8/10

- Progroffeenaut




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