10 may. 2016



Digitalife llega pisando fuerte y sacudiendo toda la escena de habla hispana con su segundo trabajo de larga duración, que también supone lo que es a mi parecer, una reconciliación entre el metalcore involucrado con el trance o tintes electrónicos en general, así como de las voces melódicas que caracterizan al estilo. Pues si bien, las bandas actuales no desagradan, de cierta manera siempre flaquean en alguna de sus partes.

Estos argentinos –a menudo confundidos de nacionalidad (lo he visto)- ya habían convencido de sus dotes en este campo luego de la experiencia anterior que fue “Némesis” y ahora, “Uroboros” lo hace de nuevo con un título que no le pudo calzar mejor al concepto lirico del disco. Este recién llegado viene garantizado a satisfacer seguidores de antaño y reclutando nuevas  filas a su paso, demostrando que perfeccionaron sus habilidades, pero dejando la impresión que no han explotado todo su potencial. Es bueno, pero lo pudo ser más. Y al dejar entredicho que  es “no lo suficiente bueno aun” no hablo de algún aspecto negativo del álbum, sino todo lo contrario. Digitalife deja una estela de brillantez que sugiere haber podido lograr más… pero se vale, pues es ésta “modestia intencional” la que hace efectivo el encantamiento.
Si eres un purista del metalcore que no cree en las voces limpias o si como yo, estás fastidiado de bandas que saturan esa parte sin sacarle provecho, entonces atiende este álbum porque es la prueba clara de que aplicarlas no es más que inteligencia a la hora de resolver como implementarlas y que den el peso necesario a la canción. En temas como “Uroboros”, “Legión”, “Requiem” o “Mi camino hacia el Sol” los magníficos arreglos en el Synth sumados a breakdowns imperecederos, son la dinamita adecuada para detonar el contenido lirico del disco, y esta es la parte clave que hace de Uroboros un trabajo memorable que te cautiva desde la primera escuchada. Sin menospreciar los harsh vocals, me atrevo a decir que la fuerza de los coros se mide solo en la calidad de voces melódicas que esta banda emplea,  a tal grado que tocan las fibras y en menor o mayor nivel te remueve los sentimientos. Son esas características las que brindan esa cualidad que no se si llamar adictiva pero hace que siempre tengas ganas de más. Ya como prefacio al final nos regalan un cover re-versionado del tema Children (Robert Miles) al que le ponen letra y  adhieren un ritmo “Whomp” trance-delicioso que se agradece. Si creciste en los 90’s, luego de escuchar su versión la nostalgia del pasado será inevitable.

Tiene su mérito trabajar una formula sencilla si desarrollas los temas de la manera en que estos dudes lo hacen. Cuando demuestran genialidad en la composición y deciden hacer un disco sencillo pero conmovedor, y que no deja de ser atrevido, sabes que estás parado frente a una banda honesta que sabe hacer su camino, a su modo, solo por el maldito placer de hacerte disfrutar. A esto me refiero cuando digo modestia intencional.



Valoración: 8/10



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